Al respecto se pronunció el Presidente del Poder Legislativo, Daniel Abugattas Majluf, en el sentido que si se trata de libertar a un condenado por razones de humanitarias, este beneficio podría alcanzar a todos los que atraviesen eso álgidos momentos, como por ejemplo Abimael Guzmán, quien mal que nos pese, también es un ser humano; inclusive podría comprenderse también a Víctor Polay Campos quien según sus familiares está quedando ciego y es devorado inexorablemente por la diabetes que lo consume sin remedio. Ese razonamiento, motivó el rechazo unánime de la bancada fujimorista, para quién solo su líder sería pasible de ser liberado, más no el asesino terrorista, pese a que también es un ser humano y la ley debe ser para todos.
Estos reos, Guzmán y Polay, no tendrían el régimen de visitas ni la atención médica que entre otros privilegios gozaría Fujimori, disponen de un escaso tiempo para pasear en la pequeña que les han destinado y según sus familiares, son tratados con crueldad extrema, pero no solo ellos, sino que en las cárceles van muriendo ancianos que llegaron por delitos menores, de tuberculosis, cáncer, sífilis y VIH, entre otros males que contrajeron en los respectivos penales donde están presos sin siquiera haber sido juzgados y mucho menos condenados, por lo que les correspondería ser excarcelados por exceso de prisión sin sentencia y porque la mayoría de ellos, supera la edad permisible para estar privados de la libertad, según lo expresa la ley y es motivo de liberación para una sarta de sinvergüenzas; sin embargo, los viejitos que mencionamos, se resignan a morir lejos de sus familiares, cumpliendo su triste destino y pagando el delito se ser pobres.
Al parecer, las leyes de humanidad se practican o aplican, entre otros, solamente en favor de los personajes tristemente célebres o de los empresarios millonarios, como fue el caso del propietario de una televisora, quién hasta ahora goza de libertad porque ya es “muy viejito” para estar preso; entonces de que medidas humanitarias estamos hablando. La ley se refiere no al perdón de los delitos sino a la oportunidad que merece todo ser humano de morir en paz y no ser materia de venganzas o revanchismo, al extremo de negarles la oportunidad de terminar sus días al lado de los suyos y si es así, debe darse sin distinción de razas o condición social.
Por lo demás, si los condenados cometieron crímenes de lesa humanidad y la ley los juzgó sentenció y condenó a pagar con la pérdida de su libertad y al pago de una reparación, debe respetarse las medidas que se dictaron y no considerar la posibilidad de concederles un beneficio por las razones que estamos comentando, habida cuenta que la condena no contempla o no debiera contemplar ninguna consideración con quienes no respetaron la vida de los demás. Desechemos la ley del embudo, es decir, lo ancho para los privilegiados y lo angosto para los más vulnerables; salvo mejor parecer.
EL DIRECTOR
Mucho se ha estado especulando sobre el indulto humanitario, a partir de la quebrantada salud de Alberto Kenya Fujimori Fujimori, ex presidente del Perú, condenado a 25 años de pena privativa de la libertad, por haber cometido crímenes de lesa humanidad entre otros ilícitos penales, por lo menos eso indica la sentencia consentida y ejecutoriada que pesa sobre sus hombros; quién padecería de un cáncer terminal, según han manifestado sus familiares, allegados políticos y hasta su mismo médico tratante, por lo que procedería el indulto humanitario a fin que salga de prisión para morir entre sus seres queridos.

